El sueño por Orlando Rosillo

Ser acreedor a un primer lugar, no es cosa fácil. Se debe utilizar el talento e ingenio para vencer a los demás participantes, sobre todo si es el Torneo de Guión, con sus cuatro rounds y retos, que llegan a superar las treinta cuartillas. El ganador al primer lugar en el Torneo de Guión Cinematográfico fue Orlando Rosillo, también conocido como Cthulhu. Les compartimos una muestra de su trabajo.

Reto 1 de 11: Piensa en el sonido de un sartén friendo. Escribe una historia donde el sonido tenga que ver con el clímax de la historia.

Mika se despertó intranquila, sólo había tenido una pesadilla parecida el día que falleció su mamá. Le compartió la preocupación a René, su esposo, pero éste sólo atinó a decirle que estaba loca. Frase que con el paso de los años era más frecuente. Al principio ella de verdad enloquecía cuando la escuchaba, pero ahora era insignificante, una señal de que la conversación había terminado. Decidió levantarse y pasar su día lo mejor que pudiera, sin pensar en aquel sueño o el posible significado que tuviese. Cuando terminó de bañarse, René le preguntó si quedaban bistecs del día anterior. «Sí, todavía hay», le contestó con frialdad, Mika. Él le pidió que le prepara uno.

Mientras René se bañaba. Mika preparaba la carne: primero la olfateó, una costumbre que heredó de su mamá. Después la enjabonó, costumbre heredada de su abuela y comenzó a sazonarla. Un poco de pimienta, sal, cerveza y el ingrediente secreto. Para ponerlo dejó el bistec en el plato, y se asomó para cerciorarse que no hubiese ningún moro en la costa. Una vez hecho esto regreso a donde se encontraba la carne. De su pecho emergió un ruido muy parecido al gruñido de un marrano y salió de su boca una gran flema que dejó caer en el bistec. La esparció por ambos lados.

El timbre sonó en ese momento, Mika preguntó quién era, «El gas», respondió una voz ronca. Ella abrió y saludó con familiaridad a Gerineldo, un hombre bastante gordo y bajo de estatura. También descendió del camión Aureliano, un poco más alto, este le dio los buenos días. Ella acompañó al primero, que cargaba una cuerda, al patio trasero, que se encontraba fuera de la cocina. Al tiempo que Gerineldo subía las escaleras de caracol, ella aprovechó para sacar una sartén y echar un poco de aceite en esta, prendió la estufa y regresó a la entrada.

Desde la azotea Gerineldo lanzó la cuerda y Aureliano le amarró una manguera.

– ¿Le ponemos lo de siempre, señito? -preguntó Aureliano. – Sí, por favor -respondió ella.

En ese momento, René gritó, preguntando si su bistec estaba listo. Mika se excuso con Aureliano y entró a la cocina. Dejó caer la carne en el sartén. Gerineldo terminaba de bajar la escalera de caracol, ella abrió la puerta que daba al patio trasero. «Ya estaba bien vacío, güerita», dijo el hombre bonachón, con una sonrisa amistosa. Ella le respondió que el día que vinieron tuvo un desayuno y se le había olvidado llamarlos.

Ambos caminaron hasta la puerta de la entrada, Mika sacó un billete de quinientos y se lo extendió a Aureliano.

«Ya valieron madre», gritó un hombre encapuchado, seguido de otro con una media en la cara. El primero apuntó a Gerineldo y el otro le exigió a Aureliano que se quedara quieto. Ninguno pareció prestar demasiada atención a Mika. Ella, sin pensarlo demasiado entró a la casa corriendo y cerró la puerta. René de saco y corbata bajaba las escaleras en ese momento.

-¿Ya está el desayuno?, preguntó René.
-Están asaltando el camión del gas, le gritó Mika.

René corrió a un pequeño cuarto lleno de libros y salió empuñando una pistola calibre treinta y dos. «Estás loco, no salgas.» Le suplicó Mika y se puso delante de él. De la cocina empezó a salir un poco de humo. René la hizo a un lado y salió empoderado, tras de él cerró la puerta de la entrada.

Gritos y amenazas se escuchaban, Mika cayó al suelo, desesperada. De la cocina emergía un olor fétido. El mismo olor penetrante que había experimentado en su sueño. A pesar de que afuera la vida de su esposo corría peligro, su primer impulso fue correr a la cocina. Al entrar, de inmediato notó el sonido del bistec friéndose. El mismo de su pesadilla. La carne estaba carbonizada. Mika tomó la perilla para apagarla, pero en ese momento el ruido de la detonación de una pistola, la hizo voltear hacia la puerta de la cocina. En el último momento, los ojos de Mika reflejaron la angustia más terrible que un ser humano pueda llegar a experimentar.

Carne carbonizada y nada más.

Por Orlando Rosillo.

Orlando Rosillo, alias Cthulhu. 28 años, México. Escritor y realizador de cine y televisión. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Producción Audiovisual por la Universidad Nacional Autónoma de México.  En 2015, escribe, produce y dirige el cortometraje Coco,  que formó  parte de la selección oficial de diversos festivales, entre ellos: 13º Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) ;  el 38° Denver Film Festival (DFS); y recibe una mención especial en el festival Festicinekids de Cartagena, Colombia. En 2016 egresa del curso de guión cinematográfico del CCC. Ese mismo año su guión “Miedo” recibe una mención honorífica en el concurso de guión de cortometraje del Festival Colima de Cine. Actualmente prepara su cortometraje “Blu”, que planea filmar a fines de este año.

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